domingo, 14 de junio de 2015

Nostalgia

Cuando pasé al último año de secundaria era común escuchar entre mis amigas y compañeras de clase que alguna otra compañera 'había cambiado mucho' eran frases recurrentes entre aquellos círculos de conversación. Me percaté rápidamente, gracias a la habilidad semiótica que siempre me ha acompañado, que sí decía oraciones con frases verbales similares a esa recibiría la suscripción de todos -más bien todas- en ese círculo social, por lo tanto empecé a utilizar frases como 'Julieta cambió mucho', 'Yasmín cambió mucho después de vacaciones', 'Todos cambiaron mucho este año'. Mientras para mis amigas y compañeras era una justificación aceptable yo, en realidad, no notaba esos supuestos cambios.

    Hoy a mis 21 años apenas estoy atravesando por esa situación de la que mis compañeras de secundaria hablaban: repentinamente dejar de conocer a alguien porque esa persona cambio y ahora quedan muy pocos rastros de lo que las unía algunos meses antes. ¿Cómo puede ser que una persona cambie tanto en tan poco tiempo? Me ha hecho reflexionar por varias horas y sólo he podido concluir que la persona que 'cambió rápidamente' en realidad no era o es genuina.

     Siempre he tenido un enorme terror a los cambios, por lo tanto, que una persona en quien yo confiaba deje de ser quien solía ser, me genera gran ansiedad. Yo sé que todos cambiamos gradualmente pero hay características del temperamento y personalidad que, a menos que haya un evento radical en la vida de determinada persona, no cambiarán repentinamente. Esas características son las que aceptas, entiendes y aprecias de tus amigos, son la esencia de la amistad, lo que los unió y mantiene unidos. Si desaparecen esas características, la amistad lo hace también. Atravesando la ansiedad surgida por platicar con una persona con quien hace tres semanas tenía muchísimas cosas en común y ahora sólo había pláticas vacías y rutinarias, me hace considerar que esta persona no era genuina cuando convivía conmigo o que no lo es ahora. Algo claro es que nuestra relación ya no es tan importante para ella como lo era antes, por lo tanto no le importa más fingir cuando está conmigo. 

     Tal vez madurar sea adaptarse a las prácticas comunes, ser más simples, menos reflexivos, menos melancólicos, más funcionales. Tal vez esa sea la razón por la que me relaciono mejor con generaciones menores. Tal vez esté estancada.